Cuando salgo de una empresa me voy con la sensación de que la comunicación está ausente. El foco de esa ausencia, lo pongo en la forma de comunicarse, ya no solo entre ellos, sino la forma de comunicarse cada uno consigo mismo, desde las más aterradoras fantasías, sobre el otro y su forma de dirigirse a nosotros.

Me explico, con el vaivén del estrés, en la empresa y fuera de ella, se van lanzando frases al viento para que caigan como un mazo en las demás cabezas. No digo, o si digo, que vayan con intención de romper las calmas de nuestro círculo más cercano pero ahí van, como martillos de Thor, caiga quien caiga. Y claro, cuando uno recibe el martillazo se lo lleva puesto a casa.

  • Será imbécil, pues no me ha dicho… – Que se habrá creído este tio/a – Pues mañana cuando vuelva  a la oficina me lo cargo – como me diga de tomarme un café lo envío a la mierda – …

Y así toda la noche. La persona que soltó la frase ni se plantea como nos ha sentado (ni si quiera sabe como está ella), y si ese día tiene un día mejor, porque ha desayunado bien, porque ha ido al baño, porque ha hecho el amor, vete a saber,… llega todo contento y te dice: ¿quieres un café? Y claro, tú llevas toda la noche mosqueado así que le contestas: ¿Por qué no te lo tomas con tu p..madre?.

Comunicación feliz en la empresa

Tenga se en cuenta que podemos ser nosotros los que hemos soltado el martillo de Thor, así que de repente alguien nos envía a paseo y no tenemos ni la más remota idea de por qué.

Además si sigo observando, siento como las palabras son dichas sin tener en cuenta nuestro estado emocional. Estoy cabreado y caiga Santiago con Roma. Luego vendrán los arrepentimientos y los mea culpas (ya dependiendo cada uno de su ego post-cabreo).

Y yo en un taller de formación escuche una fórmula mágica dicha por Francesetti (terapia Gestalt) donde puedo expresar en ese mismo momento y hacer saber al otro que la frase dicha me ha molestado, con lo cual no me la llevo a casa y mañana me pudo tomar ese café.

La fórmula es:

  • Quiero que sepas que yo (y le decimos como nos sentimos)
  • Me gustaría que tú (y pedimos que se tenga en cuenta la forma en decir las cosas)

Y así mejoramos la comunicación en la empresa, en casa, con los colegas,… y dejamos de tener fantasmas nocturnos.

Que vivan los cafés desde la paz y la feliz comunicación.


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